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Entrenamiento fatal

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5- Entrenamiento fatal

Mi padre se pasó toda la mañana haciendo llamadas, de vez en cuando se oían gritos, otras se escuchaban palabras de complicidad. Pero lo que mas repetía es que no quería irse de casa, al menos hasta que yo no controlara la transformación.

Me sentía bastante culpable por tener que quedarnos en casa por mi culpa. Seguramente todas las noches vendrían hombres lobo, vampiros, y quién sabe que otras bestias podrían venir a por nosotros.

Después de que mi padre terminara de hablar, nos dijo lo que había acordado con nuestra organización. La mayoría de cosas yo ya las sabía pero le deje hablar por si comentaba algo nuevo que yo no habia escuchado.

-He llamado a nuestra organización y hablado con todos los jefes de grupo. Han acordado entre todos que será mejor que nos quedemos aquí hasta que Jason controle su transformación y Rick la practique mas. No podemos asegurarnos de que llegueis allí y mateis a la mitad de humanos que hay.

Me quedé sorprendido, mi padre había nombrado a los humanos. Ahora que lo pienso, no sabía que tipo de criaturas había en la organización. Mi padre siguió hablando.

-Todas las noches, nos mandarán un par de ayudantes para que nos ayuden con las oleadas de bestias que vengan a atacarnos, porque seguramente, vengan todas las noches a por vosotros.

Eso no me gustó nada, ya sabía que venían a por nosotros, pero el solo hecho de recordarlo, me helaba la sangre. Cuando mi padre terminó de hablar le pregunté:

– ¿Qué clase de criaturas hay en nuestra organización?

Él me contestó:

– Eso ya lo descubrirás cuando podamos ir.

Nos pasamos toda la tarde entrenando con mi padre. Corrímos por todo el bosque, nadamos en el lago que había cerca de casa, y mi padre nos enseñó todos los rincones del bosque. Mientras corríamos mi padre nos iba diciendo trucos para controlar la transformación, para controlar la mente mientras estás convertido, y miles de cosas.

En cada kilómetro que avanzábamos había una cabaña. Todas tenían dentro cadenas gruesas. Mi padre nos explicó que las construyeron para las noches
de luna llena, cuando un hombre lobo estuviera en medio del bosque y no tuviera ningun sitio donde controlar su tranformación, podía hacer uso de ellas.

Cuándo ya habíamos corrido cerca de diez kilómetros, volvimos a casa, pero eran otros diez kilómetros de vuelta. Cuando estábamos a dos kilómetros de casa, escuchamos cosas moverse por los árboles. De repente, cinco figuras cubiertas con capas negras bajaron de un salto de los árboles. Eran humanos, estaban armados hasta los dientes con armas de todo tipo. Uno llevaba dos dagas pequeñas y miles de cuchillos en su cinturón, otro, dos espadas grandes y afiladas, dos de ellos nos apuntaban con una especia de ballestas pero muy modernas, como de metal y con muchos accesorios, sin duda eran armas mortales para los hombres lobo porque estaban hechas de plata. El último llevaba dos cadenas en las manos y redes gruesas de hierro, seguramente para capturarnos. Mi padre intentó dialogar con ellos, pero a la segunda palabra, el hombre armado con las dos espadas se lanzó sobre mi padre, pero lo esquivó. Esos segundos le sirvieron a los otros cuatro para rodearnos.
Estábamos totalmente indefensos, sin la luna llena no podíamos transformarnos.
Mi padre intentó protegernos pero no fué suficiente, el chico de las dagas me alcanzó en la pierna derecha y como por arte de magia una red de cadenas de plata me atrapó.
Lo último que recuerdo es el tremendo golpe que me dió el chico de las cadenas.

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Sangría

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3- Sangría

Eran dos bestias enormes, los ojos rojos y con ganas de sangre. ¡Rick!

Él estaba allí también, detrás de mis padres con el miedo en la mirada. Mis padres delante de él como protegiéndolo de aquellas dos criaturas.

Una de ellas tenía aspecto humano pero era muy musculoso, se le notaban las venas en su piel blanca y los colmillos eran muy largos, demasiado para alguien humano, era un vampiro.

Al otro se le veía la boca grande y con afilados dientes de un inconfundible hombre lobo. Estaba muy nervioso y cubierto con una capa que le tapaba de toda luz… hasta de la luz de luna. No me lo podía creer, hoy era luna llena y yo, yo era un hombre lobo.

Por suerte esa noche la luna se escondía tras las nubes y no se podía ver completamente.

Sin embargo cuando mi mirada se centraba en la luna, me costaba mucho dejar de mirarla y sentía un dolor fuerte en el pecho.

Abajo mis padres parecen estar solucionando el problema que al parecer tenían esos dos “hombres”, mientras que mi hermano seguía detrás de mis padres, pero esta vez no tenía la mirada en el suelo, estaba mirando a la luna y agonizando de dolor.

Al ver eso, las dos bestias se lanzaron furiosamente hacia mis padres tirándolos al suelo y desgarrándoles el pecho. Mi padre se pudo liberar rápidamente del hombre lobo y en dos segundos ya era la bestia enorme que me mordió la noche anterior. Se tiró sobre aquella bestia y empezó a morderle, arañarlo, destrozarle el pecho y desfigurarle la cara, pero parecía ser insuficiente porque el hombre lobo seguía resistiéndose.

De un zarpazo el hombre lobo se quitó de encima a mi padre, lo cogió y lo intentó ahogar. Pero sin previo aviso el hombre lobo paró y cayó al suelo, alguien lo había matado por detrás. Era Rick que le había clavado la daga de plata que a mi madre se le había caído en el forcejeo con el vampiro.

Rick tenía la boca llena de sangre y las manos ocupadas por la daga, estaban temblorosas.

Mi madre estaba tirada en el suelo con aquel vampiro encima de ella, al parecer Rick lo mató también con un mordisco enorme en el cuello y cientos de arañazos en el pecho.

Mi padre quemó rápidamente a aquellas bestias y corrió a ayudar a mi madre que estaba herida y sangrando por el cuello. Sacó una bolsa de cuero de casa y ropa para él y para Rick (los dos estaban desnudos por la transformación). Dentro de la bolsa de cuero habían pequeños frascos de distintos potajes y antídotos. Mi padre cogió un antídoto color verde y se lo dió a mi madre para beber. Ella se despertó al minuto y dijo que todo estaba bien, el mordisco del vampiro no la pudo transformar.

Nos dirijimos todos a casa y mi padre nos sentó a Rick y a mi en la mesa de la cocina después de haber acostado a mi madre.

Los dos estábamos llenos de preguntas y sabíamos que mi padre tenía las respuestas. Pero antes de que nos diera tiempo a decir nada,mi padre dijo: Dormid bien esta noche y preparad vuestras maletas, mañana nos iremos de aquí.