Sangría

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3- Sangría

Eran dos bestias enormes, los ojos rojos y con ganas de sangre. ¡Rick!

Él estaba allí también, detrás de mis padres con el miedo en la mirada. Mis padres delante de él como protegiéndolo de aquellas dos criaturas.

Una de ellas tenía aspecto humano pero era muy musculoso, se le notaban las venas en su piel blanca y los colmillos eran muy largos, demasiado para alguien humano, era un vampiro.

Al otro se le veía la boca grande y con afilados dientes de un inconfundible hombre lobo. Estaba muy nervioso y cubierto con una capa que le tapaba de toda luz… hasta de la luz de luna. No me lo podía creer, hoy era luna llena y yo, yo era un hombre lobo.

Por suerte esa noche la luna se escondía tras las nubes y no se podía ver completamente.

Sin embargo cuando mi mirada se centraba en la luna, me costaba mucho dejar de mirarla y sentía un dolor fuerte en el pecho.

Abajo mis padres parecen estar solucionando el problema que al parecer tenían esos dos “hombres”, mientras que mi hermano seguía detrás de mis padres, pero esta vez no tenía la mirada en el suelo, estaba mirando a la luna y agonizando de dolor.

Al ver eso, las dos bestias se lanzaron furiosamente hacia mis padres tirándolos al suelo y desgarrándoles el pecho. Mi padre se pudo liberar rápidamente del hombre lobo y en dos segundos ya era la bestia enorme que me mordió la noche anterior. Se tiró sobre aquella bestia y empezó a morderle, arañarlo, destrozarle el pecho y desfigurarle la cara, pero parecía ser insuficiente porque el hombre lobo seguía resistiéndose.

De un zarpazo el hombre lobo se quitó de encima a mi padre, lo cogió y lo intentó ahogar. Pero sin previo aviso el hombre lobo paró y cayó al suelo, alguien lo había matado por detrás. Era Rick que le había clavado la daga de plata que a mi madre se le había caído en el forcejeo con el vampiro.

Rick tenía la boca llena de sangre y las manos ocupadas por la daga, estaban temblorosas.

Mi madre estaba tirada en el suelo con aquel vampiro encima de ella, al parecer Rick lo mató también con un mordisco enorme en el cuello y cientos de arañazos en el pecho.

Mi padre quemó rápidamente a aquellas bestias y corrió a ayudar a mi madre que estaba herida y sangrando por el cuello. Sacó una bolsa de cuero de casa y ropa para él y para Rick (los dos estaban desnudos por la transformación). Dentro de la bolsa de cuero habían pequeños frascos de distintos potajes y antídotos. Mi padre cogió un antídoto color verde y se lo dió a mi madre para beber. Ella se despertó al minuto y dijo que todo estaba bien, el mordisco del vampiro no la pudo transformar.

Nos dirijimos todos a casa y mi padre nos sentó a Rick y a mi en la mesa de la cocina después de haber acostado a mi madre.

Los dos estábamos llenos de preguntas y sabíamos que mi padre tenía las respuestas. Pero antes de que nos diera tiempo a decir nada,mi padre dijo: Dormid bien esta noche y preparad vuestras maletas, mañana nos iremos de aquí.

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Un comentario sobre “Sangría

    AIDA escribió:
    7 abril, 2014 en 8:56 am

    Hola Jasón, hacía tiempo que no escribías. Me alegro que lo hayas hecho de nuevo. Sigue así, la cosa se pone interesante…

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